El Oviedo vuelve a mirar al banquillo
La plantilla que está construyendo Julián Calero recuerda a una de las grandes fortalezas del equipo que consiguió el ascenso a Primera división; una amplia competencia interna y la capacidad de cambiar los partidos desde las sustituciones
Real Oviedo
La plantilla del Real Oviedo todavía no está cerrada, pero la hoja de ruta que está siguiendo el club empieza a dejar entrever una idea muy similar a la que terminó llevando al conjunto azul de vuelta a Primera división. Más allá de los nombres o de la calidad individual de cada incorporación, la dirección deportiva vuelve a apostar por una plantilla profunda, con alternativas en prácticamente todas las posiciones y un banquillo preparado para marcar diferencias cuando los partidos lo requieran.
Aquel equipo que comenzó la temporada con Javi Calleja y terminó celebrando el ascenso con Veljko Paunovic no solo destacó por el nivel de su once titular. Una de sus mayores virtudes fue la capacidad para mantener la competitividad durante los 90 minutos. Los cambios alteraban el desarrollo de los encuentros sin que el nivel del equipo se resintiera, una circunstancia que terminó siendo determinante en una Segunda División tan exigente como igualada.
La competencia estaba presente en todas las líneas. Aarón Escandell y Quentin Braat ofrecían garantías bajo palos. En defensa convivían futbolistas como Álvaro Lemos, Rahim Alhassane, David Costas, Nacho Vidal, Dani Calvo, Oier Luengo, Carlos Pomares o Lucas Ahijado. En el centro del campo, Colombatto, Sibo, De la Hoz, Portillo, Jaime Seoane, Santi Cazorla y Álex Cardero permitían a los entrenadores modificar el dibujo o el perfil del equipo en función de las necesidades del partido.
La riqueza ofensiva tampoco pasaba desapercibida. Hassan, Ilyas Chaira, Sebas Moyano y Paulino competían por los extremos, mientras que Alemao, Fede Viñas y Paraschiv ofrecían alternativas muy distintas para la delantera. En muchas jornadas, los futbolistas que saltaban desde el banquillo terminaron siendo tan decisivos como los que iniciaban los encuentros.
Dos años después, el proyecto que lidera Julián Calero parece caminar por una dirección muy parecida. Aarón vuelve a contar con competencia en la portería junto a Miguel Narváez. Los laterales presentan una doble alternativa con Nacho Vidal y Aisar Ahmed por la derecha, además de Samu Rodríguez y Juan Cruz por la izquierda. En el eje de la zaga, David Costas, Dani Calvo, Eze y Marco Esteban, en dinámica de primer equipo, esperan la llegada de un nuevo central que complete la línea.
El centro del campo también ha ganado profundidad con Aldasoro y Youness como perfiles de equilibrio, además de Alberto Reina, Luka Ilic y Dani Villahermosa, cuya incorporación es inminente, para las tareas de creación. A ellos se suman jóvenes como Pablo Agudín, Dieguito y Enzo Pérez, mientras que las bandas cuentan con Jacobo González, Pablo Sáenz, Ilyas Chaira, Hassan y, previsiblemente, Estanis Pedrola. En ataque, la reciente llegada de Carlos Fernández se une a Chris Ramos, Isfan, Paraschiv, Víctor Mingo y Joaquín Delgado para elevar el nivel competitivo de una de las posiciones con mayor competencia.
Todavía quedan incorporaciones y varias salidas por resolver antes del cierre del mercado, por lo que la fotografía definitiva de la plantilla aún no está completa. Sin embargo, la planificación ya permite intuir una idea clara con respecto a la temporada pasada. El Oviedo vuelve a construir un equipo en el que el banquillo pretende ser mucho más que un lugar para refrescar piernas. Si aquella profundidad fue una de las claves del ascenso a Primera, el club espera que vuelva a convertirse en una de las grandes fortalezas del proyecto de Julián Calero.