Almada encuentra su sala de máquinas

El equilibrio entre Sibo, Colombatto y Reina da forma al centro del campo azul, con la irrupción de Cazorla como factor diferencial ante el Girona

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Reina
Jue, 05/02/2026 - 11:15

El Real Oviedo de Guillermo Almada ha encontrado en su centro del campo una base sólida sobre la que empezar a construir algo reconocible. En un contexto de urgencia clasificatoria y con poco margen para la experimentación, el técnico uruguayo ha apostado por una estructura clara en la sala de máquinas, sustentada en el doble pivote formado por Kwasi Sibo y Santiago Colombatto, con Alberto Reina como pieza de enlace por delante. Tres perfiles distintos, pero complementarios, que han dado algo de coherencia a un equipo necesitado de orden.

Sibo ha asumido el rol más físico del centro del campo. Sus números reflejan un futbolista de perfil corrector, más preocupado por sostener que por adornar. Con una media superior a tres recuperaciones por partido y una cifra contenida de faltas cometidas, el ghanés ha aportado presencia, cuerpo y una primera barrera defensiva que el Oviedo no siempre tuvo en semanas anteriores. En fase ofensiva, su participación ha evolucionado; pocos riesgos, pase corto más fiable y una clara vocación de no comprometer al equipo en zonas sensibles.

A su lado, Colombatto está siendo el que trata de aportar equilibrio al sistema. Es el mediocampista con mayor volumen de pases del equipo, superando con claridad los 600 en lo que va de campeonato, con un porcentaje de acierto por encima del 85%. Su radio de acción también ha mejorado, tanto en salida de balón como en campo rival, y aunque no destaca por su producción ofensiva directa, sí lo hace por su capacidad para dar continuidad a las posesiones. Además, su implicación defensiva es notable, liderando duelos disputados y sosteniendo al equipo cuando el partido se desordena.

Por delante, Alberto Reina ha ejercido como conector. No es un mediapunta clásico ni un interior puro, pero su interpretación del espacio entre líneas ha permitido al Oviedo enlazar mejor con los hombres de ataque. Aporta movilidad y una participación constante en la circulación, con cerca de 23 pases por partido y un porcentaje de acierto superior al 80%. Aunque su incidencia en goles (suma dos tantos) y asistencias es limitada, su valor reside en dar sentido al juego en un equipo que muchas veces necesita pausa.

Este triángulo ha permitido al Oviedo competir mejor en el centro del campo, reducir pérdidas innecesarias y ganar estabilidad en partidos largos. No es una sala de máquinas brillante ni especialmente creativa, pero sí funcional, algo imprescindible en un equipo que busca reencontrarse consigo mismo antes incluso que con los resultados.

En ese contexto aparece Santi Cazorla, cuya participación ante el Girona marcó un punto de inflexión. Fue el encuentro en el que más minutos disputó con Almada y, aunque su presencia fue breve en términos temporales, su impacto fue evidente. Con pleno de acierto en el pase, varios envíos progresivos y una lectura perfecta de los tiempos del partido, el capitán aportó aquello que no se mide solo en estadísticas, claridad mental. Su entrada coincidió con los mejores minutos del Oviedo y con la jugada que decidió el encuentro, demostrando que, incluso sin continuidad, su influencia sigue siendo determinante.

El centro del campo del Oviedo se entiende desde el equilibrio colectivo. Sibo sostiene, Colombatto organiza, Reina enlaza y, cuando aparece, Cazorla interpreta. Una estructura sencilla y adaptada a la realidad del equipo, que ha permitido a Almada empezar a construir desde el lugar más importante del campo, donde se deciden los partidos antes de que lleguen a las áreas.