Los cuatro pecados capitales del Oviedo

Del gol que no llegó a tiempo a la inestabilidad en el banquillo: las claves que explican una temporada que se quedó corta en Primera

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Real Oviedo Getafe 25/26
Lun, 25/05/2026 - 21:26

El Real Oviedo regresó a Primera división con la ilusión de asentarse en la categoría, pero la temporada ha terminado evidenciando una serie de carencias que han marcado su destino. Más allá de resultados puntuales o momentos concretos, hay cuatro grandes factores que ayudan a explicar por qué el equipo no logró sostenerse en la élite. Cuatro pecados capitales que, combinados, han pesado demasiado en una competición que no concede margen.

El primero tiene que ver con la pegada, o más concretamente, con la gestión del delantero centro. Fede Viñas ha demostrado en el tramo final ser un atacante de nivel, con ocho goles bajo las órdenes de Almada y asentado como referencia ofensiva. Sin embargo, su papel durante gran parte del curso fue secundario. Con Paunovic apenas contó como titular y con Carrión fue desplazado incluso a la banda derecha, lejos de su posición natural. Solo con la llegada de Almada encontró continuidad en su sitio. La pregunta es inevitable: qué habría pasado si el Oviedo hubiese apostado por él desde el inicio de temporada como su delantero titular.

El segundo factor es la fragilidad defensiva. Los números son contundentes: 60 goles encajados en 38 partidos. Una cifra demasiado alta para un equipo que aspiraba a mantenerse en Primera. Más allá de momentos puntuales, el equipo ha mostrado dificultades para sostener ventajas y para gestionar situaciones defensivas en partidos abiertos, pagando caro cada desajuste en una categoría donde los errores se castigan con máxima eficacia.

El tercer pecado ha sido la incapacidad para cerrar partidos. El Oviedo se adelantó en el marcador en 13 ocasiones a lo largo de la temporada, pero solo fue capaz de mantener esa ventaja en cinco de ellas. Un dato que refleja una falta de madurez competitiva en momentos clave, de gestión emocional y de control de los tiempos del partido. En Primera división, saber ganar es tan importante como saber competir, y ahí el equipo dejó escapar demasiados puntos.

El cuarto y último elemento es la inestabilidad. Tres entrenadores en una misma temporada, con Paunovic y Carrión en tramos cortos de ocho jornadas y Almada tomando el relevo en la fase final. No fue hasta la llegada del técnico uruguayo cuando el equipo encontró un once tipo, una identidad reconocible y un nivel de intensidad acorde a la categoría. Pero para entonces, el margen ya era mínimo. El propio Almada ha reconocido que le habría gustado contar con más tiempo desde el inicio, y esa sensación de reacción tardía ha acompañado al equipo durante todo el curso.

A todo ello, se suma una plantilla con limitaciones en el fondo de armario que ha dificultado sostener el nivel competitivo en el tramo decisivo. Cuatro factores que no explican por sí solos toda la temporada, pero que sí dibujan un patrón claro. El Oviedo compitió, mejoró y dio señales en determinados momentos, pero en Primera división eso no siempre es suficiente. 

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