Las tres señas de identidad que Calero ya empieza a implantar en el Real Oviedo
El empate ante el Deportivo dejó mucho más que un buen ensayo de pretemporada. El conjunto azul mostró algunos rasgos muy definidos en su juego y confirmó que las ideas del nuevo técnico ya comienzan a trasladarse al terreno de juego
Real Oviedo
Los resultados en pretemporada siempre quedan en un segundo plano. Lo verdaderamente importante es comprobar si el equipo comienza a parecerse a lo que pretende su entrenador, y el Real Oviedo dejó ante el Deportivo varias pistas muy positivas. Más allá del empate sin goles, el conjunto de Julián Calero ofreció una imagen reconocible durante muchas fases del encuentro y empezó a dibujar unas señas de identidad que pueden marcar el rumbo del curso.
La primera de ellas fue la presión. Desde el pitido inicial, el Oviedo trató de dificultar la salida de balón del Deportivo con una presión adelantada y muy coordinada. Alexandru Isfan fue el primero en activar ese trabajo sin balón, acompañado por Pablo Sáenz e Ilyas Chaira, obligando en numerosas ocasiones al conjunto gallego a asumir riesgos en la construcción. Cuando el Deportivo consiguió superar esa primera línea encontró espacios, pero los azules dejaron claro que quieren ser un equipo valiente y agresivo lejos de su portería.
La segunda gran seña de identidad fue la competitividad. El Deportivo disfrutó de varios tramos de dominio, especialmente durante la primera mitad, algo que también reflejaron las estadísticas con 108 ataques por los 91 del Real Oviedo y cinco saques de esquina a favor de los gallegos. Sin embargo, el conjunto azul supo sufrir sin perder el orden, redujo al mínimo las ocasiones claras del rival y encontró en Miguel Narváez un guardameta seguro cuando fue exigido. Ese equilibrio permitió que el empate llegara intacto al descanso pese al mayor peso ofensivo del cuadro coruñés.
La tercera conclusión llegó tras el paso por los vestuarios. El Oviedo terminó el partido creciendo, tanto desde el juego como desde el apartado físico. Los de Calero recuperaron numerosos balones en campo rival, volvieron a asumir el protagonismo con la posesión y generaron las ocasiones más claras del encuentro. El disparo de Aritz Aldasoro a la cruceta y las dos llegadas de Víctor Mingo estuvieron muy cerca de romper la igualdad y premiar el mejor tramo del conjunto carbayón.
Las cifras también ayudan a contextualizar lo visto sobre el césped. La posesión terminó completamente igualada (50%-50%), un dato que refleja que el Oviedo fue capaz de discutirle el balón a un rival de entidad sin renunciar a su propuesta. Todavía queda mucho trabajo por delante y la plantilla continúa tomando forma, pero el amistoso frente al Deportivo dejó una sensación evidente; el Real Oviedo ya empieza a parecerse al equipo que Julián Calero quiere construir.