La reivindicación de Roberto Aguirre
El técnico ovetense llegó al Vetusta con un descenso imposible de evitar y dos temporadas después ha llevado al filial azul a pelear por el ascenso a Primera Federación
REAL OVIEDO
Cuando Roberto Aguirre regresó a Oviedo en abril de 2024, el escenario era cualquier cosa menos favorable. El Real Oviedo Vetusta afrontaba las últimas jornadas de la temporada con el descenso prácticamente consumado y el entrenador apenas dispuso de cuatro partidos para intentar cambiar el rumbo de un equipo que acabó perdiendo la categoría. Aquel desenlace pudo interpretarse como un punto final. Sin embargo, terminó convirtiéndose en el inicio de una de las etapas más exitosas de la carrera reciente del técnico ovetense.
Aguirre no necesitaba demostrar demasiado a esas alturas. Su trayectoria acumulaba casi tres décadas en los banquillos, con experiencias en clubes como Mosconia, Langreo, Pájara Playas, Pontevedra, Zamora, Mensajero, Lealtad, Unionistas, Toledo o Don Benito. Una carrera extensa, marcada por ascensos, permanencias, proyectos ambiciosos y también momentos difíciles. Pero quizá el fútbol le tenía reservada una nueva oportunidad en casa.
Su primer contacto con el Vetusta fue breve y complicado. Los números de aquella recta final reflejan la dificultad de la situación. El filial azul anotó un único gol y encajó seis en los cuatro encuentros que dirigió antes de consumarse el descenso a Tercera Federación. Lejos de buscar excusas, Aguirre asumió el reto de reconstruir el proyecto desde abajo.
En la temporada 2024/25, ya con una plantilla diseñada para competir por el regreso a Segunda Federación, el Vetusta firmó una campaña extraordinaria. El filial se proclamó campeón de Tercera Federación con una autoridad incontestable, sustentada en unos registros difíciles de igualar: 82 goles a favor y apenas 14 en contra. El ascenso devolvió al equipo a la categoría nacional y confirmó que el trabajo realizado durante todo el curso había dado sus frutos.
Lo más complicado, sin embargo, estaba por llegar. Muchos equipos recién ascendidos necesitan un periodo de adaptación para asentarse en la nueva categoría. El Vetusta hizo exactamente lo contrario. En su regreso a Segunda Federación, el conjunto azul volvió a competir entre los mejores desde el primer momento.
La temporada 2025/26 terminó con el filial en la segunda posición de la clasificación, un logro notable para un equipo joven y en constante evolución. Además, el Vetusta logró clasificarse para el playoff de ascenso a Primera Federación, donde eliminó al Tudelano antes de caer frente al Coria en la eliminatoria definitiva. El sueño del segundo ascenso consecutivo se quedó a las puertas, pero el balance resultó difícilmente discutible.
Los números también avalan la evolución del proyecto. Tras la campaña del ascenso, el Vetusta volvió a superar el medio centenar de goles a favor (53), 35 en contra y mantuvo una competitividad constante frente a rivales con mayor experiencia en la categoría. Todo ello sin renunciar a su principal función, formar futbolistas para el primer equipo.
Porque si algo ha caracterizado el trabajo de Aguirre durante estas dos temporadas ha sido su capacidad para combinar resultados y desarrollo. Mientras el equipo competía por objetivos ambiciosos, varios jugadores continuaron creciendo dentro de una estructura que volvió a situar al filial azul entre los más respetados de la categoría.
Por eso la reciente renovación del técnico no sorprende a nadie dentro del entorno oviedista. Más allá de los resultados, el club ha encontrado una figura capaz de dotar de estabilidad, identidad y competitividad a uno de sus proyectos estratégicos.
A sus 57 años, Roberto Aguirre sigue demostrando que la experiencia continúa siendo un valor diferencial. Dos temporadas después de asumir un descenso imposible de evitar, el entrenador ovetense ha convertido al Vetusta en un equipo capaz de competir cerca del fútbol profesional. Una reivindicación silenciosa, pero difícil de ignorar.